En las últimas semanas, la mayoría de las industrias fue cambiando el eje de sus debates: el foco pasó de las medidas a tomar para subsistir durante el aislamiento obligatorio a cómo reactivar la actividad en el escenario poscuarentena. El mercado inmobiliario no es ajeno a ese panorama de incertidumbre. Pero entre tantas dudas sobre ese futuro cercano, hay algo que sí sabemos: las personas se van a seguir mudando.

En una encuesta que realizamos esta semana entre personas que buscaron propiedades para comprar en los últimos 90 días, el 86% afirmó que piensa seguir su búsqueda después de la cuarentena. Es cierto: estamos en los mínimos históricos en cantidad de escrituras y las variables económicas no muestran indicios de repunte en este sentido. Pero las operaciones inmobiliarias van a seguir existiendo en tanto que para muchos una mudanza no es una decisión de lujo, sino una necesidad: por una separación, la llegada de un hijo o una relocalización laboral.

El futuro llegó al sector de Real Estate

Ahora bien, ¿cómo hacemos para que ese grupo de personas no perciba el contexto de poscuarentena como un condicionante negativo para su decisión de mudarse? En lo económico, la cuestión es compleja e involucra el análisis de variables que ameritan otra columna específica, como la devaluación y el ajuste de precios. En cuanto al servicio que brindamos, nuestro trabajo será fundamental.

La "nueva normalidad", a la que llegaremos más tarde o más temprano, estará marcada por la continuidad de las medidas de prevención y las adaptaciones necesarias en cada rubro comercial. Por supuesto, las actividades no-digitales serán las más condicionadas. Y en este sentido, el sector inmobiliario tiene un desafío particular: por ahora, solo requiere de instancias presenciales para concretar una operación, sino que se trata en muchos casos de visitar el hogar de una familia para mostrar o tasar su propiedad.

Por eso, creemos que los cambios en la industria inmobiliaria van a -y deben- darse en dos direcciones complementarias. Primero, hacia la digitalización de la mayor cantidad de instancias posibles en el proceso de cada transacción para evitar contactos personales y facilitar la continuidad de las operaciones. Segundo, hacia las medidas de prevención meticulosas para aquellas circunstancias que por el momento no se puedan virtualizar.

En el primer sentido, hay novedades alentadoras. El contexto de cuarentena aceleró la llegada de las primeras reservas de propiedades en modalidad 100% remota. En Mudafy concretamos esta semana el primer caso de un cliente que señó un inmueble que solo visitó a través de un recorrido virtual a distancia. Está claro que la operación no se va a concretar sin una o más visitas presenciales (no lo recomendaríamos), pero el mensaje optimista es que ya existen las herramientas para que una parte importante de esta transacción avance antes de cualquier contacto “cara a cara”. En este contexto, no es lo mismo para un propietario coordinar visitas con un potencial interesado que con alguien ya dispuesto a dejar una reserva.

En el segundo sentido, las proptech también somos conscientes de la importancia que siempre tendrán las visitas presenciales al momento de elegir una nueva casa. Hay elementos irremplazables de esa experiencia, que van desde la necesidad de abrir la canilla, tocar las paredes y mirar por la ventana, hasta las emociones más intangibles que puede transmitir una propiedad. Tenemos la tecnología para que solo lleguen a este momento los verdaderos interesados, y ahí es donde necesariamente deberemos aplicar nuevos protocolos para minimizar los riesgos.

Para estos casos, ya existen propuestas de protocolos sanitarios de las cámaras del sector que detallan las medidas sugeridas para las visitas a propiedades. Pero creemos que en esta nueva normalidad no debemos perder de vista los beneficios que la tecnología puede facilitarnos. La cuarentena fue para muchos un descubrimiento o una profundización del potencial que tiene la tecnología para facilitar soluciones que hasta hace poco eran imposibles sin la presencia física de las personas.

Tenemos una oportunidad como sector para pensar realmente en las necesidades de nuestros clientes. ¿Qué servicios valoran al momento de buscar una nueva casa? ¿Cómo podemos ayudarlos a simplificar el proceso de una operación tan importante? ¿Cómo podemos adaptarnos a las nuevas dinámicas del mercado?

Sabemos que el punto de partida será difícil desde los recursos y el contexto económico. Pero también sabemos que, a veces, la creatividad y la calidad de nuestros servicios pueden ser ese valor agregado que nos haga revalorizar la experiencia inmobiliaria en este nuevo escenario.

Columna de opinión publicada en ámbito.com el 16 de mayo de 2020