La luminosidad en el hogar es uno de los elementos más consultados y priorizados por quienes buscan su nueva casa o departamento, y lo cierto es que la luz natural no sólo destaca y amplía espacios, sino que también es muy importante para la salud.

Cuando nos exponemos a la luz solar, nuestro cuerpo produce más cantidad de serotonina, una sustancia química natural que, en resumen, nos hace más felices. Además, la iluminación natural contribuye a mejorar nuestro reloj biológico, facilitando la conciliación del sueño y el descanso, optimiza la función cognitiva del cerebro y ayuda a reforzar nuestro sistema inmunológico. Por eso, una casa bien iluminada, que aproveche toda su claridad, es sinónimo de un hogar saludable y con buena energía.

En esta nota, te compartimos algunos tips para aprovecharla al máximo.

Jugá con colores claros y sus contrastes

Por lo general solemos escuchar la recomendación de que los ambientes pintados completamente de blanco o de colores claros automáticamente agrandan o amplifican el espacio, pero esto no siempre es verdad.

Cuando la habitación tiene muy poca iluminación, las paredes blancas pueden resultar contraproducentes, se proyectan en tonos grises y hasta pueden resultar un poco sombrías. Aunque esto cambia si hablamos de techos o cielorrasos: casi siempre deberían ser blancos, especialmente si se colocan lámparas de techo que reflejan la luz hacia abajo y hacia los costados, ya que dan una mayor sensación de amplitud y altura.

Contrastes útiles

En cuanto a las paredes, si bien las tonalidades bien claras -como blanco, beige, crema, arena o incluso gris perla- ayudan a reflejar la luz hasta en un 80%, las tendencias en diseño nos demuestran que, para potenciarla aún más, lo ideal es tener objetos o áreas oscuras con las cuales contrastarla.

Mientras que los colores cálidos absorben la luz, los tonos claros nos permitirán reflejarla, haciendo que los espacios oscuros parezcan más iluminados, sin necesidad de hacer cambios estructurales. Por ejemplo, las paredes que se ubican justo enfrente de las fuentes de luz -como ventanas o balcones- destacarán el ambiente si las que se encuentran en contraposición están pintadas de colores oscuros.

Si preferís que todas las paredes sean del mismo color, podés usar esta técnica de contraste con objetos de decoración como muebles chicos, mantas o cuadros; la idea es que, en el conjunto, los espacios más luminosos logren destacarse.

Elegí acabados brillantes o satinados

En línea con el color, los materiales o texturas brillantes potencian mucho más la luminosidad en comparación con los acabados mate gracias a su efecto reflejo en las superficies. Dependiendo la cantidad de ambientes y su distribución, este tipo de pinturas se puede aplicar a todas las paredes o a los sectores que se quieran destacar; incluso podés optar por azulejos o cerámicas satinadas en ambientes como cocinas y baños.

Priorizá los pisos claros, independientemente de su material

Los suelos son clave para la decoración y ambientación de cualquier casa o departamento. Las tonalidades de los pisos, independientemente de su material, son muy útiles para que los espacios se iluminen y amplifiquen.

Te recomendamos optar por superficies claras, principalmente de porcelanato, cerámica o flotantes, para resaltar la luz de livings, dormitorios y cocinas. Un buen complemento para darle calidez al ambiente, puede ser incluir una alfombra con uno o dos tonos más oscuros que destaquen el resto de los objetos.

Seleccioná y distribuí los muebles de acuerdo al paso de la luz

A partir de las fuentes de iluminación -naturales o artificiales- identificá hasta dónde se proyecta la luz en los distintos espacios y sectores y, en función de ello, organizá tus muebles y objetos para evitar “cortar” su alcance.

Particularmente, a la hora de elegir los muebles, siempre es mejor optar por un estilo sencillo o minimalista con colores claros, brillantes o satinados, ya que suelen ser más amplios y permiten la circulación de la luz. Un tip para recordar: cuanta más sombra genere, menos pasará la luz.

Además, dependiendo la cantidad de ambientes y divisiones que tenga la vivienda, los muebles bajos son una gran solución para seguir extendiendo el alcance de la luz e incluso para dividir los espacios (en monoambientes por ejemplo).

Cubrí las ventanas con materiales ligeros

El mismo consejo aplica para las ventanas. Lo ideal es poder mantenerlas descubiertas lo máximo posible, pero claro, eso depende de múltiples factores como la privacidad y la ubicación por ejemplo. Sin embargo, podemos vestirlas con persianas o cortinas de telas o texturas ligeras, livianas y translúcidas, que no sean extremadamente llamativas en su diseño.

Y lo mejor es despejar todas las áreas y superficies alrededor, sea con muebles o estantes flotantes, o bien con objetos de decoración simples que no impidan la entrada de la luz.

No subestimes la funcionalidad de los espejos

Los espejos pueden duplicar el alcance de la luz natural en cualquier espacio si se los ubica de forma estratégica. Generalmente, al colocarlos frente a las fuentes de luz (como ventanas), la iluminación “rebota” en todos los sectores de la habitación permitiendo que se refleje y expanda. Por lo general, se sugiere que sean de materiales y colores metálicos o cobrizos.

Incorporá objetos y lámparas de iluminación artificial

Por último, para aquellas habitaciones o ambientes en los que la luz artificial sea el único recurso de iluminación, lo más inteligente es pensar en lámparas u objetos que proyecten una luz difusa que abarque la mayor cantidad de espacio posible dando una luminosidad general, por ejemplo, reflectores colgantes en el techo.

Esto también se puede complementar con lámparas de pie o de mesa para alumbrar los sectores que queden aislados, o bien porque pueden ubicarse a gusto para destacar determinadas zonas o muebles.